El INTA produce semilla de maíz desarrollada para las condiciones climáticas de Misiones

Pensado principalmente para la agricultura familiar, el material fue concebido para responder a una necesidad histórica de los productores: contar con una variedad adaptada a los suelos y condiciones ambientales de la región, capaz de combinar buenos rendimientos, calidad nutricional y la posibilidad de conservar semilla para futuras campañas.

El investigador Adrián de Lucía, integrante del equipo de Cultivos Anuales de la EEA Cerro Azul y uno de los responsables del desarrollo, explicó que el objetivo fue reunir en una sola variedad las características más valoradas por los productores y corregir algunas limitantes observadas en materiales locales.

“Nuestra idea fue mejorar ciertas características de las variedades que ya utilizaban los productores, como la altura de la planta, el rendimiento y la calidad del grano, para ofrecer un material que pudiera responder mejor a las expectativas productivas de las chacras misioneras”, señaló.

Bautista INTA es una variedad de maíz de granos dentados colorados obtenida a partir del cruzamiento de materiales tropicales y locales. Presenta un ciclo intermedio de aproximadamente 120 días, una altura cercana a los 2,5 metros y mazorcas con 16 hileras de granos grandes, protegidas por una buena cobertura de chala que reduce los problemas de pudrición asociados a las elevadas precipitaciones características de la región.

Además, posee un contenido proteico cercano al 11%, superior al de muchos materiales disponibles en el mercado, una característica especialmente valorada por quienes destinan la producción a la alimentación animal. “Es un maíz muy interesante para la producción de aves, cerdos y otros animales de la chacra. Tiene buena calidad de grano, buen tamaño y una inserción de mazorca que facilita la cosecha manual”, explicó De Lucía.

Antes de su disponibilidad comercial, Bautista INTA fue evaluado durante varios años por productores que colaboraron con el proceso de validación a campo. Uno de ellos es Luis Danyluk, productor de Santa Rita, quien comenzó a sembrar la variedad hace tres campañas a partir de una propuesta realizada por técnicos del INTA. “Es la primera vez que me enteré que había una semilla desarrollada para nuestros suelos. Muchas veces plantamos materiales que vienen de otras provincias o de Brasil que no siempre se adaptan bien a nuestras condiciones”, relató.

La primera experiencia estuvo condicionada por una fuerte sequía que afectó a prácticamente todos los cultivos de maíz de la zona. Sin embargo, el productor decidió conservar parte de la semilla obtenida y continuar evaluando el material. “El primer año coseché poco porque la seca fue muy fuerte para cualquier maíz. Pero, al año siguiente, sembré la semilla que había podido rescatar y tuve un maíz espectacular”, recordó.

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